La quimera del reflejo – exposición Rufino Arbesú

Se han roto los límites, lo representado ya no cabe en la representación, la desborda.
Para ello fue necesaria la irrupción de la fotografía. Su falso y exagerado mimetismo construía más rápida y más eficazmente la realidad, nada, absolutamente nada, se escapaba a su registro y, se acabó imponiendo, lo que no se mostraba sencillamente no existía. La mujer el hombre quedaban relegados a meras fluctuaciones de luz sobre superficies, detrás de esa inmensa realidad ya no se podía mostrar nada o era engaño, errónea percepción o empeño virtuoso.
El arte no volvería a ser lo mismo, era necesario un cambio y la representación se distorsionó para acoger lo que se ocultaba bajo la fluctuación de la luz, pues la luz muestra a la vez que encierra.
Otros muchos artistas lo hicieron, pero Picasso, ese pequeño y hercúleo artista, lo evidenció en multitud de obras, la idea le obsesionaba, agrupadas bajo los títulos de El pintor trabajando o El pintor y la modelo. En ellas, nos muestra al pintor enfrentado a una modelo, la representa de manera naturalista mientras en el lienzo que trabaja el pintor la muestra compleja, irregular, deformada, para revelar así lo que la superficie esconde y adentrarse en los terrenos confusos del individuo. Aquí ya no importa el mimetismo pues resulta anecdótico. Aquí ya solo importa lo que el artista percibe de la modelo, sea congruente o no.
Se ha abierto un camino.
Y es sobre ese camino donde transita la pintura de Rufino Arbesú. Sobre esa quimera, sobre esa especulación donde lo representado desborda su carnalidad, su representación, en busca de una expresión más cercana a una realidad que solo se entrevé, que sabe que siempre se esconde.
Para ello, abandona al modelo, sencillamente no está, no existe; solo existe la pulsión de la representación, del acercamiento, de la especulación. La figura, retrato o autorretrato, es terreno, la pregunta y la respuesta, la aproximación. Un aproximación a lo infinito, pues lo representado es ya inabarcable de tanto que se han expandido los límites, pues lo representado es variable, sumatorio de tiempo y concepciones.
Solo hay una posibilidad, dejar constancia, traspasarla al lienzo, y en ese ámbito, correcto o incorrecto, sumar otra visión, pues el arte ya no puede ser otra cosas que acumulaciones de percepciones y todas construyen.
Tuvo que venir la fotografía para que nos diéramos cuenta.
Pedro García
Esta exposición, realizada conjuntamente con la Asociación Dos Ajolotes, será completada por la mirada de quien observe estas obras y penetre en los recovecos del arte y/o mente del artista.
Entrada libre.
Inauguración domingo 8 de febrero de 2026. Visitas hasta el 15 de marzo de 2026 en la Pared de los Susurros de Postigo Abierto, en horarios de lunes a viernes de 17 a 21 horas.
El Artista

La foto del autor es producto de un reflejo deformado en un espejo de Postigo Abierto, que según aquel, combina mejor con sus pinturas.
Cuando estudiaba Diseño Gráfico en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo quiso dar un paso más en la afición a la fotografía y explorar sus posibilidades, centrándose en la transferencia de las imágenes a tela o papel mediante diferentes técnicas.
Entre finales del siglo pasado y principios de éste ha venido exponiendo en diversas Casas de Cultura y en una “librería-sala de arte” de Ponferrada. Fue seleccionado en una colectiva del Centro de Arte Dasto para ser artista de la galería y realizar allí una exposición. Posteriormente sintió la necesidad de la pintura, de salir de las técnicas de impresión que de alguna manera le limitaban, para expresarse a través de los pinceles. Y en ello está, habiendo participado en las colectivas de la última temporada de Dos Ajolotes.