Vestigios de pintura – Agustín García Benito

Estamos acostumbrados a ver en algunos museos (Evaristo Valle, Sorolla, etc.) las paletas de pintor en vitrinas o en recreaciones del espacio de trabajo del artista junto a pinceles, caballetes y todo tipo de material de trabajo y ajuar. Aunque una mirada profesional y analítica puede extraer información muy valiosa sobre los procesos tanto técnicos como conceptuales del artista, sin embargo normalmente se muestran como simple curiosidad, con un carácter arqueológico o incluso “fetichista”.
Cuando historiadores o estudiosos se refieren a nivel teórico a la paleta de un pintor aluden a las gamas cromáticas, tonalidades, disposición, orientación de su obra en relación al uso del color. Si la mirada es más poética podríamos ver la paleta de un pintor como los restos de múltiples batallas que se acumulan. A fin de cuentas, “lo que queda”. Si el espíritu crítico, la toma de conciencia sobre la realidad y el compromiso van de la mano de la expresión plástica, conviene que periódicamente reflexionemos sobre esta cuestión también con carácter retrospectivo.
Desde el 15 de marzo de 2020 al 21 de junio del mismo año (periodo del encierro domiciliario estricto COVI) cada artista vivió ese tiempo de forma muy especial, algo que por otra parte siempre es así para aquellos que están atentos a la realidad del mundo en el que viven. En el caso de García Benito, éste tuvo que adaptarse al escaso material que tenía a mano, y así, como paleta, utilizó platos de papel. Pronto comprendió que ese soporte tenía una significación especial dadas las circunstancias. Por esa razón decidió usar una “paleta” para cada obra y conservarlas.

Independientemente de las obras en sí, advirtió que la vivencia de ese periodo quedó reflejada en los platos. Al fin y al cabo eran restos, pero restos con la capacidad de transmitir y evocar. Pasado este tiempo, el autor entiende ahora todas aquellas paletas como una sola obra que ha ampliado su carga conceptual, que nos remite a un periodo concreto pero que al tiempo habla del sentido del arte y nos advierte de la necesidad de potenciar en todo momento su energía latente.

